Un día santificado.

 

 
Aquel día tan importante,

que nadie nombre al gringo

bruto,

fanático,

y lleno de piraterías

 

Que nadie nombre,

aquel aborrecido

por el alma de la multitud humilde.

 

Que nadie nombre al cerdo esclavista,

su pandilla de apartheid

y sus fanáticos racistas.

 

Que no se nombre a esos

energúmenos o serviles

que hicieron gigante

a la civilización de hoy prostituida.

Aquella llena de parásitos insaciables,

que convirtieron

sus vidas y las de otros

en pestilentes cloacas.

 

Que nadie nombre

a todos esos despreciables enemigos de la vida,

aquel día certero,

único,

no lejano

de la libertad continental.

 

Aquel día y no cualquier otro,

se hará infinita la alegría

y despertaran bajo la sombra

del bendito algarrobo

todos los héroes asesinados.

 

Que nadie hable,

Ni nombre entonces aquel día,

de la basura comerciante,

del prestamista de alimentos

y del exportador de armamentos.

 

Que nadie nombre

al canalla banco mundial del desarrollo,

ni al fondo mundial de inversiones,

de créditos, deudas

y asesinatos.

 

Tampoco se nombre aquel día

al Vaticano hipócrita

que vendió

la sangre de Cristo

al mejor postor del momento.

 

Aquel día,

y a partir de aquel día,

nuestra sangre fluirá por venas propias.

Y los niños correrán

por jardines sin fronteras.

Cada cual

en busca de nuevas respuestas,

dentro del trabajo

creativo,

constante

de amar, sembrar,

y realizar intensamente

los días, conformando su armonía,

tanto con dolor

como con alegrías

finalmente lograda.

 

Aquel día,

de márgenes continentales,

Será un día santificado

por creyentes verdaderos,

aquellos,

que hicieron sus sacrificios

Con sencillez y hermandad.

 

 

- Al índice: | Pagina principal: | Julio Alberto Rodríguez