copia del GRANMA INTERNACIONAL 1997. EDICION DIGITAL La Habana. Cuba


Itinerario de los héroes

POR ROGER RICARDO LUIS -del diario Granma-

MULTITUDINARIO y sencillo, como les nace a los pueblos en el minuto fecundo del tributo a sus hijos héroes, sus emocionados compatriotas a lo largo de más de 300 kilómetros, desde La Habana a Santa Clara, les rindieron homenaje al Che y a seis de sus compañeros de la epopeya boliviana.
A las 7:30 de la mañana, la caravana integrada por siete armones iniciaba su recorrido. En cada uno de aquellos, las simientes de Ernesto Guevara, Carlos Coello, René Martínez Tamayo, Orlando Pantoja, Alberto Fernando Montes de Oca, el boliviano Simeón Cuba y el peruano Juan Pablo Chang.
Los cinco primeros cubiertos por la enseña nacional, los otros dos, con sus respectivos pabellones nacionales, descansaban sobre un tapete de rosas rojas y guirnaldas blancas, cubiertos por urnas de cristal. Los escoltaban en cada jeep altos oficiales de las FAR.
La Habana madrugó para decirles una vez más a sus hermanos: ¡Hasta la Victoria Siempre! La multitud, solemne, silenciosa, les prodigó una despedida a la altura de este acontecimiento inédito, como preámbulo magnífico y cierto de lo que acontecería a lo largo de doce horas de caravana.
Entre las gentes, el Guerrillero Heroico se multiplicó en pancartas, pulóveres, en banderas rojas y cubanas, en la efigie modelada con piedra sobre el firme de una loma, pintado en el asfalto por los niños, en el cuadro que cuelga en el hogar con el recuerdo del hermano entrañable y llevado esta vez a la vera del camino.
Rostros serios, lágrimas, el saludo marcial de los soldados, la banderita agitada o inclinada con reverencia al paso del convoy, el grito inocente y grato del pequeño que, sobre los hombros del padre gritó: ¡Papi, ahí va el Che!
Una caballería mambisa saludó al Comandante de América y a sus seis hombres al terminar su paso por La Habana. De Ceiba Mocha a Matanzas, al paso de la caravana, el pueblo puso flores a la orilla de la carretera, también soltaron palomas.
Al llegar a la Atenas de Cuba, el Che y sus compañeros encontraron una ciudad desbordada de amor. Así sucedió también en San José de Las Lajas, en Jovellanos, en Colón.
Poblados, al parecer pequeños, se multiplicaron por la magia del tributo honesto. Madruga, Catalina, Coliseo, Limonar, Los Arabos, Santo Domingo, Esperanza, se hicieron ciudades al paso del convoy.
Los cañaverales reverberaron al mediodía sin tregua posible, pero los viejos laureles del camino, esos que un día del Enero victorioso vieron pasar al ya legendario Comandante rebelde, ahora, en este regreso, le acogieron con su sombra protectora.
Con el anochecer a cuestas, el Guerrillero Heroico llegó a tierra santaclareña. Una movilización sin precedentes le esperó con banderas desplegadas y con un coro gigantesco que a todo lo largo del trayecto le cantó Hasta siempre Comandante.
A la ciudad que le acogió como un hijo y le proclamó su héroe, llegó el Che sobre las siete de la noche. Y lo hizo con la puntualidad de lo eterno, para estar entre los suyos y ocupar la trinchera definitiva desde donde seguirá combatiendo.


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